Queridas hermanas, Augurios para una buena continuación de este Mes Misionero Extraordinario, querido por el Papa Francisco con la clara intención de “despertar en la comunidad cristiana el deber y el entusiasmo de anunciar el Evangelio”.

“Bautizados y enviados. La Iglesia de Cristo en misión en el mundo” es un fuerte compromiso para toda persona que un día dijo a la fe católica. Es un compromiso a hacer concreta la adhesión a Jesucristo y a su Evangelio. El bautismo no es un “regalo” o un “premio” que la persona recibe y tiene para sí.

Todo bautizado necesariamente es un enviado. Una vez recibido el don de la fe, el bautizado se transforma en testimonio de la “Vida” y la anuncia con la vida, en el cotidiano de la vida. Con el bautismo nos convertimos en Iglesia, miembros de un único cuerpo que es Cristo, y caminamos por las calles del mundo anunciando la Buena Noticia de un Dios que es Amor, que es Padre-Madre, que es Misericordia y que nos quiere unidos, como familia humana, para hacer crecer Su Reino.

 Estamos en la mitad del mes de octubre, en el corazón del Sínodo Panamazónico, en comunión con el Papa Francisco, con los Padres Sinodales y, sobre todo, con los pueblos de la Amazonia. Es a ellos a quienes el Sínodo quiere darles voz y distinción, para que sean protagonistas de la historia. Junto a ellos, la Iglesia se compromete a vivir la dinámica de la escucha, porque tienen mucho que enseñarnos. Son ellos los verdaderos custodios de la Madre Tierra, y en sus culturas Dios está presente, y lo estaba mucho antes de la llegada del Evangelio y de la Iglesia. En torno a ellos, también nosotros queremos abrazarnos para defender la vida, la naturaleza, para construir juntos nuevos caminos para una Ecología integral.

Una primera invitación que os hago es propiamente aquella de intensificar la oración y el ofrecimiento para que ninguna de nosotras ni nuestras comunidades pierda la ocasión de crecer en la conciencia que el Sínodo Panamazónico nos toca de cerca ¡y muy cerca! ¡Donde se juega con la vida, allí estamos nosotras! ¡Donde hay jóvenes, lo más pobres, marginados y olvidados… allí es nuestro lugar y allí se mide nuestra fidelidad a Don Bosco y a Madre Mazzarello!

Por motivo del Sínodo, el Instituto está viviendo una realidad muy bella de colaboración con la Iglesia, de sinergia intercongregacional y de testimonio, en cuanto que las FMA estamos de parte de los pueblos originarios. Desde el mes de mayo pasado, el Ámbito Misiones está implicado en la organización de la Tienda “Amazonia: Casa Común”. La Tienda, cuyo punto de referencia es la iglesia de Santa María in Traspontina, en Roma, es «un espacio de encuentro, de escucha y de oración por aquellas personas que desean conocer más la realidad y la espiritualidad de la Amazonia».

Del 5 al 27 de octubre, cerca de 250 voluntarios se alternan en la Tienda para asegurar la oración y la invocación permanente al Espíritu Santo en favor de los trabajos sinodales, además para acoger a las personas que llegan allí para vivir la propia fe y “respirar” el aire amazónico. Son más de 240 los eventos promovidos por la Tienda “Amazonia: Casa Común” y más de 100 las Roma, 14 de octubre de 2019 FMA –pertenecientes a las diferentes comunidades de Roma- quienes está disponibles como Voluntarias, custodiando la Tienda desde las 12:00 hasta las 16:00.

Como podéis ver, queridas hermanas, en todas partes estamos logrando encontrar espacio suficiente para poder vivir plenamente nuestra vocación, poniéndonos al servicio de la vida y colaborando en la defensa de la Casa Común. Quisiera ahora dedicaros una palabrita sobre la Beata Sor María Troncatti, de quien hemos celebrado el 50mo aniversario de su muerte en el mes de agosto, y que figura entre los Testimonios de la Amazonia en este Sínodo de los Obispos.


Sor María Troncatti ha sido testimonio ocular en cuanto la Amazonia sea tierra árida y de soledad (Ct. 17 y 16), de distancias inconmensurables (Ct. 28), de pobreza de toda especie, de pueblos privados de la presencia de un sacerdote, de “jornadas cansadísimas, a través de peligros de toda clase y penurias indescriptibles” (Ct. 9 y 12).

Sor María también ha testimoniado el protagonismo de la mujer y el rol femenino cuando se trata de defender la fe: “Vive aquí una señorita, que ha sostenido la religión entre los cristianos blancos en este poblado, cerca de 28 años, sin que un solo sacerdote se haya hecho ver en tanto tiempo. Es una verdadera heroína, y a ella se debe que aún haya un poco de fe y de piedad entre los civilizados aquí residentes” (Ct. 12).

Queridas hermanas, Sor María Troncatti es un testimonio autorizado para nosotras en este tiempo del Sínodo Panamazónico y del Mes Misionero Extraordinario.

En las cartas 15 y 31, ella nos deja el corazón de su ser ‘misionero’: “Con cuanta alegría daremos también nuestra vida aún para poder salvar un alma”. “El ansia mía, mi afán es de ganar almas a Dios […] Qué cuenta terrible debemos dar a Dios si no hacemos todo por amar y hacer amar a Jesús. Estos pobres kivari, ellos mismos dicen: “¿Cómo debemos conocer a Jesús si jamás nos han dicho que era un Dios?”.

Sea el Sínodo Panamazónico expresión del camino de una Iglesia verdaderamente sinodal y pueda llevar fruto a todas las personas que viven en aquel territorio, formado por 9 países, de los cuales 6 son “tierra sagrada” para nosotras, donde el Carisma de Don Bosco y de Madre Mazzarello ha fundado sus raíces y continúa custodiando, promoviendo y salvando la vida y la Casa Común.

En este 14 de octubre, oramos juntas y con tanta confianza por la comunidad “B. María Troncatti”, de Roma, fundada el 24 de agosto de 2014, perteneciente a la Inspectoría romana “San Juan Bosco” – IRO. Un saludo afectuoso a las hermanas que bajo la mirada de Sor María Troncatti trabajan por el bien de tantas jóvenes, en la pastoral universitaria y también en la catequesis parroquial.

Un abrazo muy fraterno y la comunión de siempre en la oración, de modo particular en este Mes Misionero Extraordinario. Con cariño,

 

Consejera para las misiones

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